A menos que
durante las pasadas semanas hayas vivido en una burbuja, ya sabrás cuán
difíciles, alborotados y desconcertantes han sido los últimos meses. Hemos
visto empresas realmente grandes reducirse a cenizas, tasas de cambio fluctuar
drásticamente, acciones perder su valor y los precios del petróleo dispararse para
luego caer abruptamente. Casi todos los sectores han recortado sus presupuestos,
nuestras predicciones y expectativas se han visto frustradas, hombres y mujeres
trabajadores han perdido sus empleos y una ola de desolación cubre nuestra
nación y nuestra industria de una forma que nunca antes he visto.
Si trabajas en la
industria editorial, en Estados Unidos en particular pero también en algunos
otros países, incluida España en este momento, bien sabrás que nuestro sector
también se ha visto fuertemente afectado por la crisis. En un memorando a sus empleados, el presidente de Barnes & Noble, Leonard
Riggio, informó sus expectativas para el año próximo, así como las medidas que
la
editorial tomaría y las que no. Muchos de ustedes coincidirían con sus
expectativas al igual que yo. Según parece, pasarán unos 18 a 24 meses hasta que el
mercado estadounidense pueda repuntar, y pienso que para cuando esto suceda
nuestra industria habrá cambiado radicalmente. Sólo sobrevivirán aquellas
empresas y aquellos líderes que ya han tomado algún tipo de medida, o que tomen
medidas correctivas. Hoy en día, esto requiere líderes como Sir Ernest H.
Shackleton.
Sir Ernest Shackleton
fue un explorador que intentó desafiar la Antártida. Se encontraba en su
expedición del año 1915 a bordo del buque Endurance
[Resistencia] cuando su barco se congeló a causa de una helada en el Mar
Wendell. Finalmente, Shackleton abandonó el buque, llevando consigo solamente
las provisiones que él y su tripulación podían transportar. Poco después, el
barco colapsó ante la presión del hielo y se hundió en las frías profundidades
del mar. Y fue entonces que su hoy clásico liderazgo tuvo lugar: Shackleton supo
exactamente qué hacer para salvar a su tripulación. Y nosotros podemos aprender
de él si queremos salvar nuestras empresas y a nuestra gente. Aquí te dejo cuatro cosas que he aprendido.
·
Enfrentó la realidad. Shackleton debió enfrentar la realidad de
que no llegaría al Polo Sur. De un momento a otro, se encontró en una verdadera
situación de vida o muerte. De haberse aferrado a su sueño, tanto él como su
tripulación se habrían visto condenados a una muerte solitaria. Mientras el Endurance se hundía bajo la superficie, Shackleton
se focalizó en su tripulación e hizo que ésta concentrara toda su atención en
salir con vida de la situación. Esto requeriría disciplina y percepción, pero al
final vería a todos y cada uno de sus hombres volver a casa sanos y salvos.
·
Nosotros también debemos enfrentar la
realidad. Debemos ser
conscientes de lo que está sucediendo a nuestro alrededor. Pregúntales a tus empleados
lo que se prevé en el mercado. ¿Qué se puede decir acerca de tus previsiones
sobre flujo de dinero y cuál es la situación de tus cuentas por cobrar? ¿Crees
que tus ganancias se incrementarán por más de diez puntos el año próximo o
deberías recortar tus presupuestos ante una posible disminución en tus
ingresos? ¿Hacia donde se dirige la economía? Debemos enfrentar la cruda
realidad de que es probable que los próximos dos años sean muy duros para los
que venden libros.
·
Llevó lo imprescindible. Shackleton no permitió ningún tipo de lujo
cuando abandonaron el barco. Llevaron sólo lo imprescindible. Es increíble
descubrir qué resulta importante y qué es sólo un lujo cuando enfrentamos una
situación de vida o muerte. Para Shackleton y su tripulación, lo que no se
pudiera utilizar para transporte, como abrigo o para mantenerse a salvo o no se
pudiera comer, se dejaba.
·
Nosotros también debemos eliminar los
lujos. A lo largo de
los últimos años, los editores nos hemos vuelto codiciosos y descarados. Gastábamos
gran parte de nuestro presupuesto en entretenimiento, viajes y marketing. Los
adelantos superaban los montos que podían recuperarse durante el primer año, a
la vez que las nuevas publicaciones superaban en dos veces la tasa de consumo
del consumidor. Pero se acabaron los años de las vacas gordas. Me siento
orgulloso de varios miembros de mi equipo que nos han ayudado a encontrar
formas de ahorrar. Hemos descubierto formas de ahorrar desde en cosas tan
pequeñas tales como el modo de imprimir las copias hasta en gastos tales como
viáticos, gastos telefónicos y otros mayores, como los diseños de tapa. Aquí
van algunas preguntas que te ayudarán a identificar los lujos rápidamente:
· ¿Tus gastos se corresponden con tu
presupuesto o con tus ingresos reales?
· ¿Calculas cada gasto de marketing?
· ¿Eliges formas de viajar acertadas?
· ¿Haces determinadas cosas porque siempre
las has hecho o porque te sientes presionado por sus pares a hacerlas, incluso
cuando sabes que no puedes afrontar los gastos que esas cosas implican?
· ¿Has tomado demasiado personal y generado
demasiados gastos generales?
·
Predicó con el ejemplo. Durante su viaje de regreso a la vida
segura, Shackleton estuvo dispuesto a renunciar a su propio beneficio en favor
de otros. Cuando el alimento se acababa,
cedió su parte a los más débiles. Se sacrificó porque sabía que hacerlo valdría
la pena.
·
Nosotros debemos predicar con el ejemplo. ¿Les pides a tus empleados que reajusten
sus gastos sin estar tú mismo dispuesto a reducir los tuyos? Como líderes,
debemos reducir nuestros gastos primero. Es sorprendente lo que se descubre
cuando empezamos a examinar nuestros gastos y a buscar en qué podemos ahorrar a
medida que nos reajustamos. Si ahorras tú, tu equipo ahorra. Si te excedes en
gastos, tu equipo hará lo mismo.
·
Jamás se rindió. Shackleton se negó a rendirse ante las
amenazas del frío, el hambre, el dolor y la presión de la tripulación que lo
rodeaba. Estaba convencido de que al día siguiente los habrían rescatado; día
tras día él esperaba que los rescataran.
·
Nosotros no podemos rendirnos. La realidad es que los meses y los años
que tenemos por delante pueden ser muy difíciles. Desearás tirar la toalla,
cerrar todas las puertas y nunca volver a la oficina; sólo sentarte y conversar
sobre los viejos tiempos de la industria editorial. Todo lo que puedo decir es
que la situación mejorará. Ya hemos enfrentando momentos difíciles y los hemos
superado como industria anteriormente. Estas crisis son reajustes que nos
purificarán y nos prepararán para tiempos mejores.
Así que, amigos
míos, es hora de que se refuercen como los líderes que son. Todo lo que tu
equipo sabe es que el barco está atascado en el hielo. Tus empleados están
esperando que lideres; que comiences a hacer los reajustes; que prediques con
el ejemplo y les enseñes el camino. Tal vez te sorprendas al ver cuán
dispuestos ciertos miembros de tu equipo están a colaborar en reducir gastos y
dar el ejemplo a otros, y cuán capaces son de hacerlo. Lo único que necesitan
es que tú tengas ánimo y coraje para liderar.

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