Unas de las cosas maravillosas acerca de los negocios, como también de la vida, es que tenemos que hacer frente a los cambios. El cambio puede venir en muchas formas: por el gobierno, la economía, la competencia, el personal e incluso el clima. Unos cambios pueden desarrollarse lentamente, mientras que otros simplemente se abalanzan sobre nosotros sorprendiéndonos. Lo que me gusta del cambio es que a veces, hasta podemos ser sus propios instigadores.
El cambio, sin embargo, trae consigo la necesidad de liderazgo. Por eso urge que este sea la punta de lanza, aunque la tierra tiemble bajo nuestros pies. Nuestro liderazgo y lo que se diga del mismo, no obstante, se basa en la manera en que respondamos al cambio. Básicamente tenemos tres opciones:
- Enterrar la cabeza en la arena y fingir que no hay cambio alguno. En poco tiempo, usted y su equipo, estarán en un gran problema.
- Luchar contra el cambio. Esto puede parecer correcto, aun liderando, pero se gasta más energía luchando que avanzando.
- Liderar con, o a través de, el cambio. Desafiar al cambio, reconocerlo y planear cómo mejorar por causa del mismo.
La opción es nuestra, el modo en que nos enfrentemos al cambio ha de determinar el resultado. No sé cuáles son los desafíos que enfrenta usted, pero sé que tiene opciones. Así que le animo a liderar con, y a través de, el cambio.
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